La resistencia de las bacterias a los medicamentos pediátricos está aumentando de manera considerable en la mayoría de las regiones del mundo, lo que deja en una situación de vulnerabilidad a millones de niños, principalmente en comunidades de bajos recursos.
Esta es la conclusión de un nuevo estudio internacional encabezado por científicos del Instituto de Investigación Infantil Murdoch (MCRI) y la Universidad de Sídney (ambos en Australia), el cual advierte que la población infantil está infrarrepresentada en las estrategias de investigación y vigilancia sobre la resistencia a los antibióticos. Esta situación podría reducir drásticamente la eficacia de los tratamientos disponibles para enfermedades comunes y graves durante la próxima década.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una amenaza creciente, con el potencial de vulnerar la sostenibilidad de los sistemas de salud y exponer a los pacientes a tratamientos más invasivos, costosos y poco accesibles.
En el caso de los menores de edad, esta condición resulta particularmente preocupante debido a que se trata de un grupo especialmente susceptible a las infecciones por la inmadurez de su sistema inmunitario y por el contacto cercano con sus pares, una situación que facilita la transmisión de numerosos padecimientos. Además, los niños se encuentran entre los principales receptores de antibióticos. Se estima que más del 90% recibe al menos uno de estos medicamentos antes de cumplir un año.
La combinación de estos factores agrava el impacto de la RAM en la población infantil. Tan solo en 2021, la resistencia antimicrobiana estuvo relacionada con cerca de 840,000 muertes de niños menores de cinco años. Pese a ello, los programas de vigilancia y atención destinados a la población pediátrica aún son limitados en comparación con las estrategias enfocadas en los adultos.
Para ampliar el conocimiento sobre esta problemática, el nuevo trabajo analizó la evolución mundial de la resistencia a los antibióticos en niños durante casi dos décadas y desarrolló un modelo estadístico para proyectar cuál podría ser el comportamiento de este fenómeno hasta 2035.
La evolución de la resistencia bacteriana en dos décadas
Los autores analizaron muestras bacterianas obtenidas de 106,581 pacientes de entre cero y 18 años, procedentes de 82 países ubicados en América del Norte, América Central, América del Sur, Europa Occidental, Europa Oriental, el Mediterráneo Oriental, África, el Sudeste Asiático y el Pacífico Occidental.
Las muestras fueron extraídas de la base de datos Antimicrobial Testing Leadership and Surveillance (ATLAS) y correspondieron al periodo comprendido entre 2004 y 2022. Cabe aclarar que la investigación no dio seguimiento a los mismos individuos a lo largo del tiempo. En cambio, comparó la resistencia observada en las bacterias identificadas en las muestras de los distintos participantes para detectar patrones y cambios en la evolución.
Como se describe en el artículo publicado esta semana en la revista JAMA Pediatrics, los investigadores se enfocaron en los patógenos identificados por la OMS como prioritarios debido a la gravedad de las enfermedades que provocan y a su capacidad para desarrollar resistencia. Por su parte, los antibióticos analizados fueron organizados con base en el sistema AWaRe, también propuesto por la OMS, que los divide en tres grupos:
- Access: antibióticos que deben constituir la base de numerosos tratamientos porque, en general, tienen un menor potencial de generar resistencia.
- Watch: medicamentos que requieren una mayor vigilancia debido a que presentan un riesgo más elevado de desarrollar resistencia.
- Reserve: fármacos que deben reservarse para infecciones graves provocadas por bacterias resistentes a otras alternativas terapéuticas.
Los resultados del análisis comparativo tomaron en cuenta variables como la ubicación geográfica del paciente, el nivel de recursos económicos de la región, la edad, el lugar donde se encontraba hospitalizado y el tipo de infección que presentaba.
De esta manera, los investigadores llegaron a la siguiente conclusión: la resistencia antimicrobiana pediátrica aumentó en todas las regiones durante el periodo estudiado, aunque los niveles fueron consistentemente mayores y crecieron con mayor rapidez en los entornos con menos recursos.
En términos generales, el 36% de las bacterias analizadas mostró resistencia a por lo menos un antibiótico del grupo Access. En otras palabras, aproximadamente una de cada tres bacterias estudiadas podía resistir al menos uno de los medicamentos más utilizados para tratar infecciones. En el caso de los antibióticos Watch, la resistencia promedio fue de 22%, mientras que para los Reserve alcanzó 13%.
De manera específica, los científicos sugieren que el incremento estuvo relacionado principalmente con bacterias del grupo Klebsiella, capaces de provocar infecciones graves como neumonía, infecciones urinarias y sepsis, así como con patógenos de la categoría Acinetobacter baumannii, asociados con infecciones nosocomiales, es decir, aquellas adquiridas dentro de los hospitales.
El análisis mostró que las bacterias Klebsiella ya presentaban una resistencia elevada a los antibióticos más comunes y, con el paso del tiempo, desarrollaron resistencia frente a medicamentos más especializados. Por ejemplo, en África, hasta 2012, el 29% de estas bacterias resistía al menos un antibiótico del grupo Watch. Entre 2018 y 2022, la cifra aumentó a 49%.
Un fenómeno parecido se detectó en el Sudeste Asiático, donde este grupo bacteriano pasó de no mostrar resistencia a los antibióticos Reserve antes de 2012 a registrar una tasa de 43% entre 2018 y 2022.
En cuanto a la bacteria Acinetobacter baumannii, en 2022 más de la mitad de las muestras analizadas mostraba resistencia a por lo menos un antibiótico de cada una de las tres categorías establecidas por la OMS.
“Estamos detectando resistencia a los antibióticos no solo en enfermedades graves, sino también en infecciones más simples y sin complicaciones, como las infecciones del tracto urinario en niños”, señaló Penelope Bryant, coautora del artículo y profesora del MCRI, en una declaración retomada por The Guardian.
Menos recursos, ¿mayor resistencia?
En las regiones con menos recursos, el patógeno mostró tasas de resistencia de entre 65% y 78%. Sin embargo, el estudio encontró que el aumento más rápido se registró en América del Norte, donde la proporción pasó de 12% antes de 2012 a 51% entre 2018 y 2022.
La edad de los niños también influyó en la tendencia. En 2022, los menores de entre cero y dos años presentaron los niveles más elevados de resistencia a los antibióticos Access, con 33%. En cambio, los adolescentes de 13 a 18 años registraron las tasas más altas frente a los medicamentos Watch y Reserve, con 28% en ambos casos.
El lugar donde se atiende a un niño también desempeña un papel destacado. La situación más preocupante se observó en las unidades de cuidados intensivos, donde se encuentran pacientes con cuadros más graves y que suelen recibir tratamientos intensivos y múltiples antibióticos.
Entre 2004 y 2022, la resistencia a los antibióticos Watch en estos espacios aumentó de 15 a 33%. La resistencia a los medicamentos Reserve también se incrementó, al pasar de 9 a 32%. Entre los niños de cero a dos años internados en cuidados intensivos, la resistencia a los antibióticos Watch pasó de 12 a 32%.
De igual forma, el tipo de infección tuvo una influencia considerable en los resultados. Los mayores aumentos se registraron en los casos de sepsis y en las infecciones respiratorias.
La sepsis es una reacción grave del organismo ante una infección y puede poner en riesgo la vida del paciente. En estos casos, la resistencia a los antibióticos Watch aumentó de 15 a 30%, mientras que la correspondiente al grupo Reserve pasó de 3 a 26%. En las infecciones respiratorias ocurrió algo similar. La resistencia a los medicamentos Watch aumentó de 12 a 29%, mientras que la resistencia a los Reserve pasó de 9 a 30%.
Una herramienta predictiva
A partir de esta información y de una serie de modelos estadísticos, los investigadores diseñaron la herramienta AMR in Kids, que ofrece pronósticos específicos por región y patógeno hasta 2035. Este recurso prevé, por ejemplo, que la resistencia a los antibióticos de última generación aumente sustancialmente en las bacterias Acinetobacter baumannii y Klebsiella, hasta alcanzar 82 y 35%, respectivamente.
Los autores reconocen que su trabajo no representa necesariamente a todos los niños de los países y regiones estudiados. Además, señalan que es necesario evaluar los mecanismos genéticos que provocaron las resistencias identificadas y comprender con mayor precisión cómo se propagan entre las distintas poblaciones bacterianas.
No obstante, afirman que sus hallazgos revelan la necesidad de optimizar los mecanismos de vigilancia, promover un uso responsable de los antibióticos, fortalecer el diagnóstico rápido y mejorar las medidas de control de infecciones para evitar que las proyecciones más graves se conviertan en realidad.
“Se necesita urgentemente una vigilancia integrada de la RAM, estratificada por edad, que armonice las recomendaciones de antibióticos con la microbiología y los resultados clínicos, para orientar el uso racional de los antibióticos y proteger su eficacia para las generaciones futuras”, concluyen los autores.
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